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La O.M.S. clasifica como cancerígeno el humo de los vehículos diésel

Organización Mundial de la Salud incluyó el humo de los motores diésel en el denominado “Grupo 1” de agentes cancerígenos. Estos son los que muestran una suficiente evidencia empírica de correlación con la incidencia del cáncer en humanos, es decir, que se puede afirmar científicamente que producen cáncer.

 

La O.M.S. utiliza cuatro grupos para la clasificación de sustancias potencialmente cancerígenas:

Grupo 1: “El agente es cancerígeno” – Hay pruebas suficientes con humanos.
Grupo 2A: “El agente es probablemente cancerígeno” – Hay pruebas suficientes con animales pero sólo pruebas limitadas con humanos.
Grupo 2B: “El agente es posiblemente cancerígeno” – Hay pruebas no suficientes con animales y sólo pruebas limitadas con humanos.
Grupo 3: “El agente no es clasificable” – Significa que no hay pruebas suficientes en ningún sentido.

Una vez planteado el esquema, el humo diésel se encuadra ahora en el Grupo 1 mientras que el humo de gasolina permanece en el Grupo 2B. Ateniéndonos a esta clasificación, parece claro que la toxicidad del diésel es superior a la gasolina, o al menos así parecen demostrarlo los estudios realizados en relación con el cáncer en concreto.

En realidad la clasificación no habla en ningún momento de dosis, sólo de relación causa-efecto demostrada suficientemente. En el mencionado Grupo 1 se encuadran agentes tan diversos como el asbesto (conocido universalmente por su toxicidad extrema), el plutonio 239 (sin comentarios) o la radiación solar, es decir, la luz del día.

La relación entre la luz solar y el cáncer de piel es bien conocida, como también lo es que sólo existe un riesgo por el que deberíamos preocuparnos cuando la exposición al sol se realiza durante cierto tiempo, sin protección solar y (en los países alejados de los trópicos) básicamente en verano. Nadie sale a la calle pensando en la radiación solar y el cáncer de piel en mitad del frío invierno, porque es también la dosis y no sólo el agente en sí lo que debe preocuparnos.

Volviendo al diésel, la O.M.S. lo clasifica en el Grupo 1 en el momento en que existe un estudio que inequívocamente obtiene una correlación entre incidencia de cáncer (en este caso hablan de pulmón) y exposición al humo. No es necesario que el caso se refiera al hombre de la calle, normalmente es un caso extremo de exposición prolongada durante años; si el caso existe, el agente pasa al Grupo 1 en ese mismo instante y se utilizan casos extremos porque es mucho más fácil establecer correlaciones estadísticas, ya que son mucho más marcadas.

Se  ha demostrado que el humo procedente de la combustión diésel es cancerígeno; así nos lo indica la O.M.S. y así es. Cabría puntualizar que la O.M.S. no puede trasladar esta circunstancia a los modernos motores diésel, en los que las partículas en suspensión se han reducido en un 90% en los últimos años, así como los gases más nocivos como los óxidos de nitrógeno (prácticamente eliminados). Esa traslación no se puede hacer mientras no exista un estudio al respecto que vuelva a poner sobre la mesa nuevas correlaciones.

En cualquier caso, debería ser la tecnología, en su constante evolución hacia motores más y más limpios, la que nos libre del problema en la medida de lo posible, pero no la demonización absoluta del modo de combustión más eficiente que ha llegado a popularizarse (hasta ahora) en el parque móvil mundial. Por otro lado, que el escape de los carros  emite sustancias altamente dañinas para la salud no debería sonar como algo nuevo para nadie por terrible que parezca verlo escrito de nuevo.

FUENTE: http://www.tecmovia.com

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